Quinta y última parte: Shanghai
Desde Nanchang tomamos un tren bala (aunque no tan rápido como los japoneses) a Shanghai, última parada del viaje de Vanesa y Bas y penúltima para mí. Allí estuvimos dos días y medio, que coincidieron con el puente del Primero de Mayo, fiesta también para los chinos, por lo que aquello estaba bastante petado de gente.
El día 1 de mayo, a petición de Vanesa, hicimos algo bastante original, que fue visitar la isla de Chongming, en la boca misma del río Yangtsé, y que es parte de Shanghai pero es una zona muy rural. Para llegar se pasa por un tunel y un puente enormes, que cruzan parte del delta del río más grande de Asia y unen varias islas con el continente.
En Chongming tienen unos humedales que han convertido en parque de recreo findesemanal para los shanghaineses. Según Vanesa y Bas, el lugar, con domingueros, bicis y tal, se parecía bastante a Holanda.... Los guardias de la zona iban vestidos como el guardabosques del Oso Yogui, y aunque había bastante gente, creo que huimos bastante de las multitudes que ese mismo día estarían invadiendo Shanghai.

Tomando un té con pistachos en una caseta del parque:
El resto del tiempo, pues lo típico de Shanghai: rascacielos, los edificios clásicos del Bund, esquivar a los vendedores de Rolex en la calle Nanjing y más rascacielos, incluyendo ascenso al mirador más alto del mundo, en la punta del SWFC (el abrebotellas).
Creo que ya llevábamos algo de cansancio acumulado del resto del viaje, así que las fuerzas empezaban a flaquear, pero estuvo bien la estancia en Shanghai, sobre todo haciendo contraste con los tranquilos pueblecitos de Wuyuan en los que habíamos estado pocos días antes.
Paseamos por el Shanghai glamouroso...
Y por el de toda la vida, que está en peligro de extinción...
Una de las últimas paradas del viaje fue en la zona de la hace unos meses clausurada Expo, ésa en la que el año pasado casi me empacho de pabellones. El lugar está vallado, muchos pabellones están siendo desmantelados o en obras (entre ellos el de España, que es uno de los que se quedarán permanentemente) y sólo se puede visitar el de China, así que allí entramos, pese a las colas. Esto era capricho mío porque fue uno de los "importantes" que me quedé sin ver el año pasado, debido a que entonces ni con pase de prensa me dejaban colarme.
El pabellón fue un poco chorras, incluyendo su atracción estrella, que es una recreación gigante y en movimiento de una de las pinturas más famosas de China...

Pero bueno, me hacía ilusión poner una cruz más en la lista de pabellones , así que pelillos a la mar.
Y más o menos esto es todo... Vanesa y Bas tomaron el tren de levitación magnética para el aeropuerto, yo el tren que no levita para ir a Pekín en viaje nocturno, y aquí se acabó este viaje de redescubrimiento, en el que volví a enterarme de que viajar por China puede ser interesante, bucólico, y de vez en cuando estresante pero bueno, viajar es así.
Con una foto de Bas junto a un anuncio de cuellos de pollo en el metro shanghainés, me despido de vosotros hasta la próxima...
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Por ChinoChano - 10 de Mayo, 2011, 16:46, Categoría: General
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Cuarta parte: Jingdezhen
El siguiente lugar en realidad fue una breve escala de un par de horas para tomar el autobús de vuelta a Nanchang. Pero no fue una escala cualquiera, ya que se hizo en la histórica ciudad de Jingdezhen. Y digo histórica no porque tenga monumentos reseñables -en realidad es más fea que pegarle a un padre-, sino porque en ella, desde hace siglos, milenios, miriadas, eones, se fabrica la mejor porcelana de China. Vamos, que es el Bandaliés de China, o bueno, quizá algo menos glamouroso que Bandaliés.
Entre que el taxista que nos llevó era algo despistado -o algo jeta, nunca sabremos- y que no teníamos mucho tiempo, la verdad es que nos quedamos un poco con la idea de que no conocimos de verdad el lugar, que por lo que vimos parece una ciudad de provincias china más, con tráfico desastroso, casas sin mucha gracia y mucho polvo...


Pero ahí fue donde llegó uno de mis momentos favorits del viaje: el taxista nos llevó andando por las calles más lóbregas del lugar y, oh magia, empezaron a aparecer tiendas sin absolutamente nada de decoración, más bien almacenes, pero ofreciendo la mejor porcelana del mundo (o eso se le supone). Y a precios de saldo, oiga (creo que en realidad eran comercios mayoristas, así que los precios eran al por mayor, o sin intermediarios, directamente de fábrica). Miles y miles de porcelanas por todas partes, incluyendo por medio de la calle. El escenario perfecto para una persecución de película de Indiana Jones rompiéndolo todo, vamos.
En fin, el caso es que en el lugar más feo del viaje se hicieron algunas de mis fotos favoritas del periplo. Ahí van algunas:









Pero sobre todo debemos destacar la serie "jarrones gigantes", definitivamente la mejor de todo el viaje:


Hasta había alguno más alto que Bas:


Jarrones gigantes que costaban cada uno la "astronómica" cifra de 400 yuanes (40 euros), señoras y señores. Vamos, que os he comprado cuatro a cada uno.
Tanta porcelana, muy admirada por los londinenses que me acompañaron en el viaje -no en vano, en su ciudad beben mucho té en ella- nos hizo olvidar que en Jingdezhen no encontramos para comer nada más que una tasca en la que no había más que bollos rellenos, sin siquiera bebida para acompañarlos. Yo recuerdo haberme comido 20, qué le vas a hacer...
Otra curiosidad de la ciudad es que, en el único intento de sus autoridades por embellecerla, y aprovechando la principal producción local, hasta las farolas de la calle son de porcelana.


En fin, nos hubiera gustado buscar un poco más de rato la parte histórica de la ciudad, si es que la había, pero nos esperaba un autobús de vuelta a Nanchang, así que aquí terminó la visita a la capital de la china (en inglés a la porcelana la llaman "china").
Hasta el próximo capítulo, que es el final y tiene pocas fotos.
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Por ChinoChano - 10 de Mayo, 2011, 16:13, Categoría: General
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Tercera parte: Wuyuan
La idea, tras conocer Yangshuo y Longji en el sur de China, era ir a Shanghai, en el este, donde Vanesa y Bas tenían su vuelo de vuelta a Londres. Pero Shanghai estaba lejos, así que convenía hacer un alto a mitad de camino para conocer algún otro sitio del país. por eso, tomamos un avión a Nanchang, capital de la provincia de Jiangxi, geométricamente casi en mitad del camino entre Yangshuo y Shanghai.
En Nanchang la idea era sólo pasar la noche, porque es una ciudad bastante insulsa (con la notable excepción del barco velero que tienen en la calle, que mostré hace un tiempo en el otro bloj y que en todo caso vimos desde el taxi). Llegamos a la ciudad un poco tarde, y algo perdidos, así que nos quedamos en el primer hotel que vimos. Un lugar un poco cutre donde Vanesa y Bas cogieron la habitación más cara que había (150 yuanes, unos 15 euros), lo que no impidió que las ratas del techo les despertaran en más de una ocasión. Eso sí, tenían mesa de mahjong para ellos y todo.
Al día siguiente de buena mañana tomamos un autobús que nos llevó a la comarca de Wuyuan, un lugar que hace apenas dos años no conocía nadie en China pero que hoy es como lo más de lo más en el turismo nacional. Por ejemplo, en mi Lonely Planet editada en el 2000 (la época maoísta, vamos) Wuyuan ni siquiera sale en los mapas. En la última edición, por contra, Wuyuan sale en la primera página como lugar destacado, uno de los sitios que hay que visitar sí o sí, junto a Lhasa, la Montaña Amarilla, Yangshuo, Pekín o Shanghai.
Se trata de una comarca de pueblecitos pequeños, de casas blancas junto a los ríos o los canales, y típicos tejados de losa negra, lo que se estila en la cuenca del Yangtsé, vamos. Aunque ya hay turistas, cobran entrada en los pueblos y hay mucha tienda de souvenirs, el sitio aún es relativamente tranquilo: la gente va con sus azadas/jadicos por la calle, lava la ropa en los canales, seca el té en los tejados... Un sitio aún no devorado por el turismo de masas, vamos, aunque igual en unos años ya tiene discotecas.
Estuvimos allí tres días saltando de pueblo en pueblo, y creo que de todos los sitios que visitamos en la semana fue el que más nos gustó.
Os pongo unas fotos del lugar para que lo apreciéis mejor:











Fabricando caramelos a mazazo limpio...

Las fotos anteriores son todas del pueblo de Likeng, que es donde nos alojamos, en una casa familiar transformada en hotelito. La familia de la casa nos cocinaba unas percas rojas, de esas que nadan en los estanques imperiales chinos, para chuparse los dedos... Es donde mejor comimos en todo el viaje. En Likeng se produjo un hecho para nada frecuente en China: nos invitaron a cenar (a mí, de hecho, dos veces en el mismo día). Primero, la gente del hotel me invitó a cenar a mí, mientras el hombre de la casa me contaba lo mucho que había pagado por el vino que me servía y los muebles que decoraban el hall (en estas casas tradicionales chinas, el recibidor está siempre muy cuidado y lleno de objetos artísticos, para que los que pasean desde fuera puedan ver lo bien que viven los de dentro). Después de esta invitación, con Vanesa y Bas visitamos otro hotel/restaurante/casa familiar y allí nos volvieron a invitar a cenar, en esta ocasión unos clientes de Mongolia Interior totalmente borrachos que corrieron con todos los gastos con la única condición de escucharles cantar, que Bas bailara, y que Vanesa y yo también entonáramos alguna que otra melodía.
Además de Likeng, visitamos muchos otros pueblos de la zona de nombres totalmente desconocidos fuera de allí (Xiaoqi, Wangkou, Jiangwan...) pero todos ellos encantadores. Uno de ellos, de cuyo nombre no quiero acordarme, es especialmente famoso porque en él se cultivan hectáreas y hectáreas de colza, por lo que en marzo, cuando ésta florece, el lugar presenta un bello aspecto tal que así (uso una foto de Google pues nosotros llegamos tarde al fenómeno):

En cualquier caso, nos pareció casi todo muy bonito. Especialmente curiosa fue la visita al pueblo de Jiangwan, porque ese lugar es el pueblo originario de la familia del ex presidente Jiang Zemin: muchas tiendas tienen fotos de él, en la plaza hay una enorme foto de él con los niños de la escuela local... En el pueblo, por cierto, todos se apellidan Jiang, como él (en cada pueblo de la comarca casi todos los hombres tienen el mismo apellido, porque cada pueblo es como de un clan en el que los varones se quedan y sólo las mujeres se van a otro pueblo al casarse).
Otra curiosidad de la zona es que en ella se ve claramente que la Revolución Cultural pegó muy fuerte: hay eslóganes de elogio a Mao escritos con grandes letras en algunas casas, y en otras se ven relieves en madera destruidos o pintados de rojo por los Guardias Idem en aquella época.
En fin, os pongo fotos de otros pueblos de la zona, para ilustrar más el asunto:
Eslóganes maoístas en una casa:







Típico recibidor de las casas tradicionales de la zona (el reloj de mesa está en todas las casas):

Y a continuación un gigantesco alcanforero -gracias, Wikipedia- que según los locales tiene 1.000 años, y donde muchas parejas de recién casados se hacen fotos:



Wangkou, uno de los pueblos más ebonitos de la comarca:


Este monje nos pidió primero hacerse una foto con nosotros con su cámara, así que luego le hicimos una con la nuestra:

Y este es el famoso Puente del Arco Iris, que fue de lo último que vimos en Wuyuan:
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Por ChinoChano - 10 de Mayo, 2011, 14:59, Categoría: General
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Segunda parte: Longji, también conocido como Pellizcoville
Esta segunda parte será más corta que la primera porque sólo duró un día, en realidad fue una excursión en autobús desde Yangshuo a los famosos arrozales de Longji, que significa "el espinazo del dragón".
La excursión fue un poco apresurada, porque en estos viajes organizados te llevan tres horas a un sitio donde no quieres ir y 10 minutos al que sí quieres ver, pero bueno, así es la vida... Primero nos llevamos a una aldea de los Yao, la etnia que vive en la zona de Longji, reconvertida en centro de bienvenida a los turistas y que por tanto tiene
a) un montón de tiendas de souvenirs. b) un salón de actos donde las mujeres Yao cantan y bailan para el presentable.
El espectáculo no fue en realidad tan terrible, las Yao cantaban muy bien... En realidad fue una cosa parecida a lo de Zhang Yimou de días antes, con menos sofisticación, y con una ceremonia en la que gente del público se casaba en broma -creo- con chicas Yao del lugar. Al final de la sesión, cuando salíamos del teatrillo, las mujeres Yao daban a cada asistente un pellizco en el culo, porque la tradición dice que eso es lo que hacen cuando ven a un chico que les gusta como mozo casadero. En fin, ahí van unas fotos de las Yao y su show. La primera foto me da mucho miedo porque la de la ventana parece la chica de The Ring (se soltaban el pelo porque al parecer no se lo cortan nunca y tienen melenas de dos metros, que luego, como veréis, se recogen en forma de turbantes).




Bas, pellizcado.

Y luego ya nos llevaron a la aldea de Ping An, al pie de los famosos arrozales, donde comimos pollo en tronco de bambú ahuecado y paseamos para contemplar las espectaculares vistas. Desgraciadamente, los campos no estaban muy verdes, ni con agua... Nosotros nos lo tomamos con filosofía, pero una pareja de turistas brasileños que vino con nuestro autobús, y que se disponía a dar la vuelta al mundo en 11 meses, casi exige que le devolvieran el dinero.
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Por ChinoChano - 9 de Mayo, 2011, 18:21, Categoría: General
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Primera parte: Yangshuo
Hola a todos, llegó el momento de mandaros unas fotos del viaje que hicimos con Banesa y Vas por varias partes de China. He puesto mal los nombres pero me ha hecho gracia y lo dejaré así. Las fotos que se ven como borrosas son de mi cámara, que creo que las hace así porque no la limpio. Las buenas son de Bas, que se compró la cámara en Pekín, y yo este mismo fin de semana me he comprado el mismo modelo que él a ver si mejoran mis imágenes en el futuro.
Como ya os dije, el viaje para mí ha servido para redescubrir un poco China, porque llevaba años sin hacer un viaje largo por el lugar, y siempre que tenía unas vacaciones largas me iba a países vecinos. He visto que China puede ser tan bonito como los otros, y en él se puede relajar uno tanto como en los vecinos, aunque eso sí, hay turistas chinos por todas partes... A Vanesa y Bas creo que China les ha gustado mucho: quizá un poco menos la comida, pero bueno, es que ellos son mucho de ir al KFC, y aquí casi no hay... Vanesa ha prometido empezar a estudiar chino, y ya están pensando en visitas futuras.
La primera semana Vanesa y Bas la pasaron en Pekín, visitando todo lo necesario (Ciudad Prohibida, Gran Muralla, etc) y cumpliendo con tradiciones ya iniciadas con Carmen y Jesús, por ejemplo la de ir a la tetería Laoshe para ver los cambios de máscaras, o la de participar en viajes organizados para periodistas por el Ayuntamiento de Pekín (esta vez fue a una fábrica de violines y a un gigantesco campo de melocotoneros en flor, tras lo cual les dieron un banquete de lo más opíparo).
Yo les acompañé sólo un par de días en Pekín, pues tuve que trabajar, y de esos días sólo tengo alguna foto que hicimos en el Palacio de Verano, lugar que creo que tengo algo aborrecido porque siempre que viene alguien de visita vamos para allá...
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Tras la semana en Pekín, me pillé unos días de vacaciones enlazando el puente de Semana Santa con el del Primero de Mayo y nos fuimos primero a Guilin y alrededores, a ver las típicas montañitas verdes de las postales. Vanesa y Bas quedaron prendados del lugar, y yo me quité la espinita de 2004, cuando fui allí y pasé un frío atroz, por lo que no disfruté nada aquel viaje (fue la primera parada antes de ir a Vietnam y Camboya). Esta vez hacía calor, y la cosa mejoró mucho, además el sitio se ha lonelyplanetizado aún más y se come muy bien. Desde mi última visita todo ha cambiado bastante: ahora en el "pueblecito" de Yangshuo, donde dormimos, hay discotecas por la noche, y ahora no sólo hay mochileros extranjeros, también hay muchos chinos. Van unas fotos para ilustrar:
Nada más llegar dimos un paseíllo en barca para ver la puesta de sol...
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![]() Nos alojamos en un hostal al que, para ir, teníamos que pasar cada día por una casa donde se había muerto un señor y estaban de funeral, velando el ataud que estaba en la entrada. Los funerales en China duran una semana o así, así que todos los días pasábamos y nos encontrábamos a las mujeres de la casa durmiendo junto a la caja, a los hombres dando banquetes y emborrachándose (muy típico en los funerales chinos) o a todos ellos disfrazándose con sábanas blancas, pues ése es el color del luto en Oriente.
El segundo día en Yangshuo nos montamos en bicicletas e hicimos la típica excursión a la Montaña de la Luna, una montaña con un agujero desde la que hay una fenomenal vista de la zona. La montaña sale en "Balzac y la joven costurera china", por si habéis visto ese truño de película. En fin, esto vimos por el camino:
En la punta de la montaña había un poste para subirse y ver aún mejor la cosa, casi se me prohíbe subir pero hice caso omiso de las advertencias:

El día fue muy completito porque además visitamos una cueva en la que nos bañamos primero en agua helada, después en barro, como en los tiempos de la estanca de Bailo, y finalmente llegó el baño bueno, en aguas termales. De esto nos hicieron fotos los guías pero no las tengo, porque las que compramos se me olvidó pedírselas a Vanesa y Bas, que las tendrán por Londres.
Como si aún no hubiéramos hecho bastante, en la noche fuimos a ver un espectáculo de música y cantos tradicionales en la orilla del río Li, dirigido por Zhang Yimou y que al parecer es un tremendo éxito: siete años en cartel, tres sesiones diarias, y por lo menos a la que fuimos nosotros, había tantísima gente que aquello parecía un Barsa-Madrid (no, otro más no, por dios).
Al día siguiente, tercero en la zona, dimos el clásico paseo en balsa -motora- por el río Li, pasando por las montañas más famosas del lugar, incluyendo las que ilustran el billete de 20 yuanes. Estuvimos seis o siete horas en remojo, pasando frío al principio y calor después, pero valió la pena.
Nos detuvimos a comer en Xingping, un pueblo que es como Yangshuo cuando yo vine hace siete años (tranquilo pero ya con algún restaurante y tiendas para los turistas), y donde una araña gigante en el baño nos dio un buen susto. En este viaje, de hecho, he visto las dos arañas más grandes de mi vida.
Y esto fue más o menos la primera escala del viaje, la de Guilin (ciudad de la que en realidad sólo vimos su aeropuerto, que como he contado en el blog estaba infestado de fotos de Kaká), Yangshuo y alrededores. Cierro el email con una foto de diseños tribales guilinescos y ya os pondré más fotos de los demás sitios que visitamos en el próximo email. ¡Abrazos!
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Por ChinoChano - 9 de Mayo, 2011, 16:48, Categoría: General
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