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Cuarta parte: Jingdezhen

El siguiente lugar en realidad fue una breve escala de un par de horas para tomar el autobús de vuelta a Nanchang. Pero no fue una escala cualquiera, ya que se hizo en la histórica ciudad de Jingdezhen. Y digo histórica no porque tenga monumentos reseñables -en realidad es más fea que pegarle a un padre-, sino porque en ella, desde hace siglos, milenios, miriadas, eones, se fabrica la mejor porcelana de China. Vamos, que es el Bandaliés de China, o bueno, quizá algo menos glamouroso que Bandaliés.

Entre que el taxista que nos llevó era algo despistado -o algo jeta, nunca sabremos- y que no teníamos mucho tiempo, la verdad es que nos quedamos un poco con la idea de que no conocimos de verdad el lugar, que por lo que vimos parece una ciudad de provincias china más, con tráfico desastroso, casas sin mucha gracia y mucho polvo...





Pero ahí fue donde llegó uno de mis momentos favorits del viaje: el taxista nos llevó andando por las calles más lóbregas del lugar y, oh magia, empezaron a aparecer tiendas sin absolutamente nada de decoración, más bien almacenes, pero ofreciendo la mejor porcelana del mundo (o eso se le supone). Y a precios de saldo, oiga (creo que en realidad eran comercios mayoristas, así que los precios eran al por mayor, o sin intermediarios, directamente de fábrica). Miles y miles de porcelanas por todas partes, incluyendo por medio de la calle. El escenario perfecto para una persecución de película de Indiana Jones rompiéndolo todo, vamos.

En fin, el caso es que en el lugar más feo del viaje se hicieron algunas de mis fotos favoritas del periplo. Ahí van algunas:



















Pero sobre todo debemos destacar la serie "jarrones gigantes", definitivamente la mejor de todo el viaje:





Hasta había alguno más alto que Bas:





Jarrones gigantes que costaban cada uno la "astronómica" cifra de 400 yuanes (40 euros), señoras y señores. Vamos, que os he comprado cuatro a cada uno.

Tanta porcelana, muy admirada por los londinenses que me acompañaron en el viaje -no en vano, en su ciudad beben mucho té en ella- nos hizo olvidar que en Jingdezhen no encontramos para comer nada más que una tasca en la que no había más que bollos rellenos, sin siquiera bebida para acompañarlos. Yo recuerdo haberme comido 20, qué le vas a hacer...

Otra curiosidad de la ciudad es que, en el único intento de sus autoridades por embellecerla,  y aprovechando la principal producción local, hasta las farolas de la calle son de porcelana.





En fin, nos hubiera gustado buscar un poco más de rato la parte histórica de la ciudad, si es que la había, pero nos esperaba un autobús de vuelta a Nanchang, así que aquí terminó la visita a la capital de la china (en inglés a la porcelana la llaman "china").

Hasta el próximo capítulo, que es el final y tiene pocas fotos.

Por ChinoChano - 10 de Mayo, 2011, 16:13, Categoría: General
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Comentarios

Enviado por lur (Contacto, Página)
Fecha: 13 de Mayo, 2011, 13:06

Que bonita toda esa porcelana,cuantas sorpresas os proporciona ese pais y que bien que nos las puedas contar sobre la marcha. Un beso

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